asignatura "problemas psicosociales en chile", universidad alberto hurtado

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Nosotros en contra de las drogas, o las drogas en contra de nosotros?


Quizás sea pertinente comenzar reflexionando acerca del concepto de drogadicción, presentando una de muchas de sus definiciones, una de estas es: “1. f. adicción (hábito de quien se deja dominar por alguna droga) (Real Academia Española, extraído el 24 de septiembre del 2008 desde http://buscon.rae.es/draeI/), pero no se logra captar este significado sin la definición de “droga”. Se han identificado dos definiciones de “droga” que pueden servirnos en esta instancia: " 1. f. Sustancia mineral, vegetal o animal, que se emplea en la medicina, en la industria o en las bellas artes. 2. f. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.” (Real Academia Española, extraído el 24 de septiembre del 2008 desde http://buscon.rae.es/draeI/). Ahora, ustedes se preguntaran por qué estas definiciones y no otras acerca del concepto de “droga”, bueno la respuesta se entenderá en el transcurso del artículo.


Actualmente existe una preocupación desde el campo de la psiquiatría por la adicción o la drogadicción específicamente, la siguiente cita nos ejemplifica mejor de lo que estamos hablando. “La tendencia actual es definir a la adicción como el consumo compulsivo de sustancias, o sea todo el síndrome producido por sustancias tóxicas según se explicita en el DSM IV” (Damín, 2001, p.72).


Claramente llaman la atención ciertas palabras como “toxicas, “consumo compulsivo”, “sustancias”, algunas de estas, ya por si dan una connotación negativa, y es verdad, muchas de las drogas que se usan normalmente en la sociedad, consideradas ilegales por la las leyes de nuestro país, tienen una doble función perversa, por un lado “entretienen”, o producen efectos de desinhibición o alucinación placenteros, pero a la vez dañan nuestro organismo de forma sustancial, algunas veces incluso de forma irreversible.


Pero eso a veces importa muy poco, las drogas en la actualidad son una fuente de placer más que aceptado socialmente, me refiero no solo a drogas como el alcohol y el tabaco, que son drogas con carácter legal, si no a drogas como la marihuana en donde el consumo va aumentando a medida en que pasan los años. El siguiente extracto afirma esta idea.

Los resultados del Séptimo Estudio Nacional de Drogas en Población General de Chile indican que la prevalencia de último año de consumo de marihuana es de 7,0%, la que se compara con el 5,3% que se obtuvo en el estudio anterior. Este aumento de 1,7 puntos porcentuales en las declaraciones de uso de marihuana es estadísticamente significativo.” (Conace, p. 17, extraído el 24 de septiembre del 2008 de: http://www.conacedrogas.cl/inicio/pdf/bd928b266121a764e5ea61e6e6ab2ba3.pdf).


Pero, ¿qué sucede cuando las drogas se tornan en nuestra contra? Me explico, si bien existen ciertas drogas que han sido producidas sintéticamente para mejorar ciertos aspectos de salud, existen otras que claramente no poseen el mismo carácter beneficioso, son más bien mecanismos sutiles de control, e incluso me arriesgo a decir que son mecanismos de castigo para ciertas conductas o actitudes que escapan de los supuestos “criterios normales de conductas socialmente aceptadas”.


Específicamente estamos hablando del ámbito de la psiquiatría, en donde se utilizan ciertas sustancias, para controlar a pacientes, que poseen el carácter de locos o enfermos. Este mecanismo de control vuelve a reproducir la doble función perversa que veíamos con anterioridad en otras drogas. Por un lado son un elemento que pretenden equilibrar condiciones fisiológicas y psíquicas, para permitir un tratamiento terapéutico consistente y concreto, pero por otro lado se sirven para mantener controladas ciertas conductas que escapan de la normalidad de la sociedad, es aquí donde las drogas se tornan en nuestra contra.




Pero cabe preguntarse lo siguiente: ¿puede ser posible que el tema no pase porqué las drogas “estén” en contra de nosotros, si no que es que otros están en contra de nosotros? Este cuestionamiento puede parecer un tanto absurdo si no se tiene en cuenta que las drogas finalmente se remiten a un objetivo especifico, en si mismas no son mecanismos eficientes, sino que requieren de alguien que las utilice a su merced, como lo es en el espacio de la psiquiatría.


Ahora bien, realizamos la siguiente asociación con la primera parte del articulo. ¿Es realmente que estemos en contra de las drogas, o mas bien estamos en contra de nosotros mismos, en contra de ciertas conductas que han sido establecidos por ciertos cuerpos de conocimiento, como lo son el ámbito jurídico o la medicina por ejemplo?



Es aquí donde la discusión recae en cierta forma sobre la categoría de problema psico-social. Ya que toma implicancias que escapan solamente a los efectos negativos que las drogas puedan producir a nivel psicológico, también estas consecuencias, recorren el ámbito social modificándose constantemente, y tomando lugares particulares de análisis desde los distintos sectores de la sociedad, escudándose en cuerpos de conocimiento que distinguen normatividades de lo correcto o lo incorrecto, lo bueno o lo malo. Posiblemente la siguiente cita logra aportar un poco más acerca del punto mencionado anteriormente.


“Quizás halla que renunciar también a toda una tradición que deja imaginar que no puede existir un saber sino allí donde se hallen suspendidas las relaciones de poder, y que el saber no puede desarrollarse sino al margen de sus conminaciones, de sus exigencias y de sus intereses. Quizás haya que renunciar a creer que el poder vuelve loco, y que, en cambio, la renunciación al poder es una de las condiciones con las cuales se puede llegar a sabio. Hay que admitir mas bien que el poder produce saber (y no simplemente favoreciéndolo porque lo sirva o aplicándolo porque sea útil); que poder y saber se implican directamente el uno al otro; que no existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder. Estas relaciones de “poder-saber” no se pueden analizar a partir de un sujeto de conocimiento que seria libre o no en relación con el sistema de poder, si no que hay que considerar, por el contrario, que el sujeto que conoce, los objetos que conoce y las modalidades de conocimiento son otros tantos efectos de esas implicaciones fundamentales del poder-saber y de sus transformaciones históricas. En suma, no es la actividad del sujeto de conocimiento lo que produciría un saber, útil o reacio al poder, sino que el poder-saber, los procesos y las luchas que lo atraviesan y que lo constituyen, son los que determinan las formas, así como también los dominios posibles del conocimiento” (Foucault, 2002, p.34)





Quizás lo único que quede por aportar, es que hoy la posición que prevalece en cuanto a la drogadicción es “en contra”, y se sustenta en la medicina, la psiquiatría, y el ámbito jurídico. Mientras esos cuerpos de conocimiento y de producción de saber no dejen de tener el poder que poseen, la drogadicción seguirá siendo tachada como de “negativa”.




Referencias Bibliográficas.



  1. Conace, Ministerio del Interior, Gobierno de Chile. Septimo estudio nacional de drogas en la población chilena, 2006. Extraído el 24 de septiembre del 2008 de: http://www.conacedrogas.cl/inicio/pdf/bd928b266121a764e5ea61e6e6ab2ba3.pdf.

  1. Damín, Carlos F. La drogadicción: Una mirada institucional. Lugar Editorial, Buenos Aires, 2001, Compilación por Marta H. Ventre.

  1. Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2002, Suplicio. El cuerpo de los condenados”.

  1. Real Academia Española, diccionario de la lengua española, vigésima segunda edición. Extraído el 24 de septiembre del 2008 de: http://buscon.rae.es/draeI.



Autor: Tomás Lema

1 comentario:

Pablo Andrés Ugarte dijo...

Buen comentario, aunque se están repitiendo entre los integrantes del grupo, las mismas temáticas.